Las partes rotas

I.

Si la ropa no se va destiñendo en el closet con el tiempo, al menos mi alma dice ya basta y le salen canas, tres por semana, mientras se quita los zapatos del cansancio.

Las telarañas no las tengo en el pelo sino en la boca, vibran con el aliento que uso esporádicamente y con mesura.

Los dedos son ya de esqueleto. De todas formas me gustan más así. Cada vez que trato de moler café se resquebrajan y crujen, y terminan mezclándose con el polvo de café.

II.

Dos búhos me miran con sus cuatro ojos desde el borde de mi ventana. Esperan la llegada de la noche para llevarse los restos de mis extremidades a sus nidos.

Mañana ya no lucharé. Esperaré con resignación al resto de los animales. Que se alimenten mientras llega su hora.